La última jornada de la Liga 2009/2010 se saldó de la forma más justa: venció el Barça. Tras un duelo memorable entre los dos mejores equipos de la Liga, el equipo catalán se impuso al segundo Real Madrid de Florentino, tras su gigantesca inversión de más de 250 millones de euros en sólo un par de meses para devolver al equipo merengue a la lucha por la Liga y a un lugar entre los grandes en Europa. Sin poder conseguir lo segundo (al caer en octavos de Champions contra el Lyon), el Madrid sí compitió hasta el final por la Liga. Sin embargo su modelo futbolístico no existe y sigue basándose en grandes individualidades penalizadas por la ausencia de guión y una plantilla descompensada. Básicamente, los mismos errores que sepultaron el anterior proyecto de Florentino...y a esto se le suma algo más: el segundo equipo de Pérez sufre la competencia del mejor Barcelona de la historia, el Pep Team, el Barça de las 6 Copas. Cristiano Ronaldo, Higuaín y Kaká no son suficientes para ese reto.
Por todo lo anterior, este verano habrá más fichajes en Chamartín, para completar el viraje del anterior agosto y acabar de compensar la plantilla. Mourinho será el encargado de dar sentido a todos esos millones y al juego de tanta estrella. En Madrid el fin no es la estética, como en Barcelona. Son los títulos. Por eso la capital de España fue feliz hace cuatro años con la agónica liga de Capello, lograda con un equipo que no jugaba a nada. Y por eso es posible que un equipo que se supone debe jugar bien y al ataque, contrate a Mou. Eso nunca sería posible en la Ciudad Condal. Sin embargo, el Barça cuando gana lo hace jugando bien. No sabe hacerlo de otro modo. De hecho suele jugar bien también cuando pierde. Guardiola ha llevado esta filosofía a su máximo esplendor: títulos sin parar (4 en la presente campaña, completando 7 copas en dos años de trabajo), competencia constante con la élite (cayendo por pequeños detalles tanto en semifinales de Champions contra el Inter, campeón de Europa, como contra el Sevilla en cuartos de la Copa del Rey, gracias a algún fallo de Chigrinsky y al mejor partido de la vida de Palop), y un modelo más dependiente que nunca de la cantera. Ahí están Xavi, Valdés y Puyol. Ahí está Iniesta, aunque este año ha tenido muchas lesiones. Y qué decir de Piqué, ya consagrado en su segundo año como referente del mejor Barça y de la mejor España. Igual que Busquets. Y Pedrito. Y Bojan. Y los que vienen detrás. Un modelo y un futuro asegurados para los próximos años.
Aunque los dos grandes hicieron méritos para ganar la Liga, parece claro que el Barcelona hizo más. Lideró la tabla durante la mayor parte de la temporada, ganó los dos enfrentamientos contra el Madrid (el segundo, en el Bernabeu, con bastante superioridad a pesar de jugar sin 9 -Ibrahimovic- y sin Iniesta), sólo perdió un partido en toda la temporada (contra el siempre bipolar Atlético), tuvo la mejor diferencia de goles (74 por 67 del Madrid), al Pichichi (Messi) y al Zamora (Valdés), y en general tuvo con diferencia el mejor juego, con un discurso futbolístico imparable en las citas importantes: en los duelos contra el Madrid, como en el partido contra el Valencia en el Camp Nou con 4 goles de Messi, como en las últimas y complicadas visitas a Sevilla y Villarreal, donde fue insultantemente superior a dos de los mejores equipos de España.
Frente a las teorías conspirativas de "la Meseta" (tal y como un día acuñó un molesto Guardiola, harto de las críticas de la prensa afín al Madrid ante tanto éxito del Barça) y los Villaratos, las cifras demuestran lo absurdo de dichas invenciones: El Barça, el equipo que más y mejor ataca (63 goles en jugada colectiva por 46 del Madrid) y el que mejor defiende con diferencia (24 goles encajados, 35 el Madrid), acaba la liga siendo uno de los equipos con menos penalties a favor (3 en 38 partidos; sólo 4 equipos tuvieron menos...frente a 8 del Madrid, el segundo equipo más favorecido en los penalties), y también con más tarjetas rojas que el Madrid (8 contra 5). Estos números no reflejan el debate artificial creado por la prensa madrileña, que ha situado la cuestión arbitral en la pregunta ¿los árbitros benefician al Barça?...cuando es evidente que al Madrid lo benefician tanto o, posiblemente, más, que al equipo catalán. 3 penalties a favor y 8 expulsiones en contra en 38 partidos...para el equipo que mejor ataca y defiende y que marca 98 goles...es incompatible con la fantasía del Villarato, y demuestra que ésta es una invención, una falacia.
Por tanto, el campeón es justo y el Barça suma su vigésima Liga en el último año de Laporta. Un presidente que ha tenido agrios detractores sobre todo en Madrid y entre los seguidores merengues debido a sus constantes guiños políticos. Sin embargo, dejando al margen el debate sobre la ideoneidad de sus declaraciones y comportamientos (por otra parte en nuestro país pocos presidentes son cautos o "normales"), su gestión está fuera de toda duda: en 7 años ha propiciado un salto cualitativo en el Barça. Cuando llegó, el equipo estaba lejos del Madrid de los galácticos, y era un equipo con 16 ligas, 1 Copa de Europa y sin la maldita Intercontinental. Cuando Laporta se despida dentro de unas semanas, dejará al Barça como el equipo más prestigioso y admirado en el mundo por el fútbol que practica, y con un palmarés que es mucho más acorde a la historia de la institución: 20 ligas, 3 Champions y la ansiada Intercontinental. Y con el colofón de las 6 Copas y la segunda liga consecutiva contra el Madrid millonario del millonario Florentino, contra el Madrid de Cristiano Ronaldo, contra la prensa central de los canguelos, los cagómetros y los Villaratos. Contra todo y contra todos, las buenas decisiones de Laporta y su equipo, y el fútbol de los entrenadores (Reikjard y Guardiola) y sus futbolistas, se ha impuesto. Y con un estilo definido y único: el del buen fútbol, el del toque y el de la apuesta por la cantera. El que también ha llevado a España a ser campeona de Europa.
El mundo del fútbol admira al Barça. Laporta puede irse satisfecho, igual que uno de los máximos artífices de tanto éxito y tanta felicidad en la afición culé: Tkiki Beguiristain. Un genial director deportivo que ha tenido mucho que ver en todo lo que ha pasado. El Madrid se encomendará a Mourinho y algún fichaje más para cambiar el rumbo de los acontecimientos, para parar la avalancha de juego culé, para frenar el genio de Guardiola, que parece no acabarse ni en la estética ni en la estrategia (en la que también ha podido con Pellegrini). Mou es la última esperanza blanca. El éxito del Barça lleva a Florentino a apostar por la versión moderna de Capello. El Madrid quiere títulos. Puede que Mourinho los traiga, junto con grandes dosis de provocación y agitación. El Barcelona al menos está seguro de que seguirá disfrutando del fútbol. Y tras tanta copa seguida, al menos da para algún tiempo sin que haya grandes necesidades.
Con todo lo anterior, hay un gran olvidado: Pellegrini. El entrenador chileno es un buen entrenador. Y no hay que olvidar que, sin dos jugadores que el no quería perder (Sjneider y Robben) y que posiblemente habrían sido importantes en esta Liga, Pellegrini ha logrado combatir al mejor Barça hasta la última jornada. También es cierto que el juego no ha sido bueno en algunos momentos y que ha habido sonados cataclismos (el Alcorconazo y el Lyonazo). Pero que nadie dude que con Mourinho el fútbol será peor. El buen juego abundará mucho menos que este año. Y puede que se logren títulos, pero no está claro que se vaya a lograr lo que le falta al Madrid: un modelo futbolístico a largo plazo, sostenible, por encima de decisiones cortoplacistas y grandes fichajes. Florentino trae al entrenador portugués obligado a ganar la próxima Liga y así justificar su inversión millonaria y su estrategia más empresarial que deportiva. El entrenador más odiado por el barcelonismo es su último cartucho, y por eso no le importa renunciar al fútbol de ataque. Porque necesita evitar la debacle: si no gana un título importante el año que viene, sería su segundo fracaso galáctico. Y pasar a la historia de ese modo es difícil de aceptar.
Habrá que ver si Florentino, Valdano y Mourinho pueden convivir a lo largo del tiempo y de los problemas que surgen en una temporada. Será toda una experiencia ver a Mourinho en el banquillo del Madrid, enfrentándose al Barça. Nos espera otra temporada apasionante. Ya lo ha dicho Guardiola: será muy divertido.
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